En las inmediaciones del municipio burgalés de Villaverde Peñahorada comenzó a funcionar, en el año 1968 una explotación minera a cielo abierto a la que se denominó “Cantera Polar”

Durante casi 40 años, una decena trabajadores arrancaron de estos montes millones de metros cúbicos de piedra que se utilizaron para la construcción de una buena parte de los edificios de la provincia.
El problema en este caso no fue la falta de rentabilidad. En pleno boom inmobiliario la demanda de áridos está más que garantizada.

La cantera se abrió conforme a la antigua Ley de Minas que considera que las explotaciones de este tipo son de interés general, sin tener en cuenta las características de cada zona en la que se ubican.

Como finales de los 60 no se requerían los permisos actuales de impacto ambiental o de actividad, la empresa carecía de ellos, así que desde 1990 la Junta de Castilla y León comienza a reclamar a Cantera Polar S.L. que legalice su situación.

La licencia con la que opera la cantera es del tipo A (Explotación de determinada cabida, determinada superficie y referida a la extracción de áridos) por lo que, el 5 de noviembre de 2002, los propietarios de la sociedad tratan de obtener (y obtienen) de la Junta un cambio de la licencia de la explotación al tipo C (con mayor superficie, inversión y determinados puestos de trabajo), solicitando la expropiación de 41,25 hectáreas de monte y terreno rústico.
Este hecho indigna aún más a los vecinos del pueblo, cansados ya de las continúas explosiones que comienzan a abrir grietas en sus casas y comienzan a movilizarse para pedir su cierre.


Amparándose en que la cantera no tiene licencia de apertura de actividad, la
Delegación Territorial de la Junta en
Burgos sanciona a la empresa con 6000 euros, aunque no se paraliza la actividad.

El asunto llega a las
Cortes de Castilla y León y en la
Comisión de Medio Ambiente celebrada el día
29 de noviembre de 2002 se pide en
Proposición No de Ley la suspensión cautelar de la actividad hasta que la explotación disponga de la licencia y un estudio de los impactos que en el medio ambiente de la zona y en la carretera regional colindante provoca la instalación.



Como quiera que los procedimientos administrativos son farragosos, la cantera continúa funcionando con normalidad hasta que el 30 de marzo de 2004 el
Servicio Territorial de Medio Ambiente materializa la suspensión de todas sus actividades.

La situación actual del complejo es de abandono total. El día que se clausuró, aparcaron los camiones, pararon las máquinas y allí quedó esperando la resolución de un recurso presentado por la empresa... que nunca se estimó.



Por los alrededores nos encontramos con materiales procedentes de la antigua báscula, un modelo de la empresa española
Antonio Arisó.
Un par de perros y una luz encendida en la fachada indican que aún queda alguien en la cantera, posiblemente un vigilante. Lo que ya no está tan claro es su cometido, puesto que poco queda por vigilar.

Sin duda las "estrellas" de la visita son estos dos enormes
camiones dúmper fabricados en los años 70 por la compañia estadounidense
Euclid Company of Ohio. A pesar de que los cristales han sido destrozados a pedradas y que el óxido se empieza a comer la pintura su visión es espectacular.







